Para pensar hay que ser amigo del silencio y de la soledad. Al silencio hay que buscarlo allí donde se encuentre, siempre ajeno a una realidad que aspira al canto de la anulación. La soledad es, sin embargo, más esquiva, pero sin duda alguna debemos aguardar en las esquinas su llegada. Sólo a su paso podremos seguirla en la distancia para conocer de ella su secreto. En estas obras es la idea el verdadero objeto de la reflexión artística y hasta ella has llegado en silencio y soledad, nunca lo olvides cuando te detengas a pensar.

Mangiatori di Prezzi. A Italia llegué a la búsqueda de algo que ya no existe. Un mito construido por tantos y tantos viajeros del que ya sólo quedan los restos de piedras mortalmente globalizados. Nuestros tesoros se uniformizan bajo el canto del consumismo. De la pluralidad sólo quedan unos toscos recuerdos. Eso fue lo que realmente despertó el duende que a veces habita en mi interior.

El resultado es esta obra.
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